Capital (economía)
En economía, la definición de capital no es específica. En
sentido estricto, el capital es una abstracción contable: son los bienes y
derechos (elementos patrimoniales del activo) menos las deudas y obligaciones
(pasivo), de todo lo cual es titular el capitalista. Así se dice que se
capitaliza una empresa o se amplía capital cuando aumenta su activo o disminuye
su pasivo o se incorporan nuevas aportaciones de socios o se reduce el
endeudamiento con terceros. Cuando el pasivo es superior al activo se dice que
la unidad económica está en situación de capital negativo (negative equity, en
inglés). No obstante, bajo el enfoque vulgar, se entiende por capital un mero
componente material de la producción, básicamente constituido por maquinaria,
utillaje o instalaciones, que, en combinación con otros factores, como el
trabajo, materias primas y los bienes intermedios, permite crear bienes de
consumo.
El capital debe distinguirse analíticamente de la empresa y
de la gerencia, aunque en muchos casos los papeles sociales de capitalista o
empresario y gerente se puedan dar simultáneamente en una misma persona, como
suele suceder en las más pequeñas unidades productivas.
En la economía política, el capital es el conjunto de
recursos, bienes y valores disponibles para satisfacer una necesidad o llevar a
cabo una actividad definida y generar un beneficio económico o ganancia
particular, está estrechamente relacionado con el comportamiento de las
personas que intervienen en este aspecto. A menudo se considera como a la
fuerza de trabajo parte del capital. También el crédito, dado que implica un
beneficio económico en la forma de interés, es considerado una forma de capital
(capital financiero).
Los bienes de capital (Capital Goods en inglés), en
contraste con los bienes de consumo, son utilizados en la producción de capital
físico. Se refieren a bienes de capital real de los productos que se utilizan
en la producción de otros productos, pero no se incorporan a los demás
productos. En los bienes de capital se incluyen fábricas, maquinaria,
herramientas, y diversos edificios. Son diferentes de las materias primas que
se utilizan en la producción de bienes. Muchos productos pueden ser
clasificados como bienes de capital o bienes de consumo de acuerdo con el uso,
por ejemplo los automóviles y ordenadores personales, y la mayoría de estos
bienes de capital son también bienes duraderos (Consumer Durables).
Los bienes de capital son también diferentes del capital
financiero. Los bienes de capital son objetos reales de la propiedad de
entidades (personas, gobiernos y otras organizaciones), a fin de obtener un
rendimiento positivo de algún tipo de producción.
La actividad que se realiza puede ser la producción, el
consumo, la inversión, la constitución de una empresa, etc. Cuando este capital
se destina a la producción, se convierte en uno de los factores de producción.
El capital se puede acumular con el tiempo, y sus retornos (renta) pueden ser
utilizados o reutilizados para aumentar el capital original.
El valor y la conceptualización del capital
La conceptualización del capital está ligada a la
conceptualización del trabajo ya que ambas codependen con la teoría adoptada
sobre el valor económico de los bienes y, por tanto, con los medios para
crearlos.
En los economistas llamados clásicos (Smith y Ricardo) se
encontraba una posición ambivalente sobre el determinante del valor de cambio
de un bien, oscilando a lo largo de sus obras entre dos opciones: la cantidad
de trabajo y los costos de producción (que son valores de cambio a su vez que
quedarían sin explicar: el interés del capital, el salario del trabajo y la
renta de la tierra). Los problemas de la primera opción los llevarían a adoptar
la segunda como “solución”: la teoría del costo sería sistematizada por John
Stuart Mill en conjunto con el resto de las cuestiones tratadas por los
clásicos es un esquema integral de economía política, mientras que Karl Marx
insistiría en la teoría del valor trabajo pero esta vez como base para una
crítica al concepto mismo de economía política.
La revolución marginalista en todas sus variantes (Jevons,
Walras y Menger) reemplazó el aparato conceptual de los clásicos sobre el
valor, y con este su propio concepto económico de trabajo y capital,
refiriéndolo ahora a la utilidad marginal, moviendo así la determinación de la
producción y la distribución a la circulación, o sea, al consumo. A diferencia
de los clásicos que, o bien deducían el valor del capital físico del trabajo
invertido en él, o bien del capital en sí mismo, los marginalistas lo
encontraban en la utilidad misma del préstamo del capital.
Los sistematizadores de las diferentes corrientes
marginalistas (Marshall, Pareto y Böhm-Bawerk) se dividieron en dos posiciones
encontradas. La escuela neoclásica representada por Marshall, haciendo una
síntesis entre Mill y el marginalismo de Jevons, concebiría al valor como
resultado de la interacción entre una demanda basada en la utilidad del consumidor
en términos marginales, y una oferta basada en los costos de producción pero
esta vez no medidos circularmente desde sus precios sino desde la desutilidad
marginal de los factores de producción (el salario por el sacrificio en
esfuerzo y el interés por el sacrificio en espera o ahorro), volviendo así a la
concepción clásica del capital pero sobre más sólidos fundamentos
marginalistas. La escuela austríaca representada por Böhm-Bawerk, continuador
(aunque con ciertas variaciones) del marginalismo puro y subjetivista de
Menger, analizaría en profundidad la cuestión del capital, y llegaría a una
definición que, aunque conciliable con los clásicos, parte de premisas
distintas y más relacionables con el primer pensamiento de Adam Smith anterior
a su magnus opus, con la obra de Richard Cantillon y con la misma línea
continuada por Jean-Baptiste Say más afín a la posición austríaca (Böhm-Bawerk,
1884), en la cual todos los parámetros que definen los precios de los factores
de producción remiten en última instancia a la demanda del consumidor que es el
marco de referencia de las valoraciones en las preferencias temporales de
trabajadores asalariados y prestadores de capital.
La posición de Böhm-Bawerk según la cual el tipo de interés
depende de la preferencia temporal ha sido criticada por Knut Wicksell que
defendió el paradigma neoclásico respecto a que éste depende de la
productividad del capital. Paradójicamente, la interpretación austríaca del
capital terminaría siendo, a través de las obras de John Hicks sobre el
particular, la más adoptada por el resto de la academia de orientación
neoclásica, aunque en una forma simplificada y con importantes diferencias
respecto al origen del interés (Hicks, 1973); y viceversa, la visión austríaca
del capital ha tomado mayor sofisticación gracias a parte de la crítica de
Wicksell (Rallo, 2014). De la misma manera, la crítica de Böhm-Bawerk a las
inconsistencias lógicas de las teorías de la explotación neorricardiana y
marxiana (Böhm-Bawerk, 1884 y 1896), sería la que finalmente se convertiría en
prácticamente clásica debido, entre otras razones, a que es fácilmente
conciliable con casi todas las posiciones tomadas en el espectro del
pensamiento económico. Por esto mismo, la defensa del marxismo contra ésta se
sostendría en la objeción neorricardiana de Piero Sraffa y cuya base está en la
crítica de Wicksell (Rallo, 2014).
La precisa definición de Bohm-Bawerk del capital como se
utiliza en los tres tomos de Capital e interés, se presenta de la siguiente
manera como solución al caos de definiciones que enfrentaba la economía
política:
El capital no es otra cosa que la suma total de los
productos intermedios que entran en vigor en las distintas fases del curso en
rotonda de la producción de un bien.
Luego se distinguirá conceptualmente al capital en dos
elementos económicos cualitativamente distintos: el “capital-medio de
producción” entendido como los bienes de producción, y el “capital privado”
como derechos de propiedad sobre el capital en función de una forma de adquisición
(la privada e independiente) que dependa directamente e internalice como
interés la utilidad del mismo (Böhm-Bawerk, 1889).
El interés y la productividad del capital
El interés del capital, es explicado por el autor, en una
forma distinta que la clásica (Böhm-Bawerk, 1884), pero sin embargo
extrapolable ya que se basa en el préstamo del capital o bien en el adelanto
por parte de su propietario, sea este su creador directo o indirecto
(Böhm-Bawerk, 1896). Pero más allá de su propia definición, resume adecuadamente
los significados posibles de la productividad del capital desde la cual podría
explicarse el interés:
Así, pues, una tesis tan sencilla aparentemente como la de
“el capital es productivo” encierra, según hemos visto, nada menos que cuatro
acepciones claramente distintas, que resumiremos aquí para mayor claridad,
agrupándolas en dos parejas disyuntivas de conceptos. Tenemos, en efecto, que:
• El capital puede producir mercancías.
• Puede producir más mercancías de las que podrían
producirse sin él.
• El capital puede producir más valor del que podría
producirse sin él.
• Puede producir más valor del que él mismo tiene.
[...] ¿Qué se propone y qué tiene necesariamente que
proponerse el problema del interés? Sencillamente, investigar y exponer las
causas que hacen fluir hacia las manos de los capitalistas uno de los brazos
del gran río de bienes que brota año tras año de la producción nacional de un
pueblo. Trátase, pues, sin asomo de duda, de un problema que afecta a la
distribución de los bienes. (Böhm-Bawerk, 1884, p. 135 y p. 512)
Sobre estas definiciones, separadas o combinadas, diferentes
autores han intentado dar sus propias explicaciones del interés: la
productividad simple (Smith, criticada por Say), la concepción compleja de la
productividad (Malthus, Strasburger, etc.), las teorías del uso (Hermann,
Menger), la teoría de la abstinencia (Senior, Bastiat), las teorías del
trabajo, las teorías de la explotación (Sismondi, Rodbertus y Marx), y otras
concepciones eclécticas (Molinari, Jevons y Mill). Contra todas estas teorías
Böhm-Bawerk presenta la propia, que luego sería pulida, criticada y corregida
por sus sucesores austríacos: Friedrich von Wieser, Frank Fetter, Ludwig von
Mises, Ulrich Fehl, y particularmente por Friedrich August von Hayek, quien
desarrollaría una completa teoría del capital, logrando por primera vez que se
tratara la cuestión más allá de su relación con la tasa de interés hasta el
conocimiento interior de la estructura productiva del capital, integrándola
finalmente con la teoría del ciclo económico (Ravier, 2011).
La explicación de Böhm-Bawerk del tiempo como el origen del
interés del capital enlaza el marginalismo mengeriano con el resto de la
Escuela Austríaca, y se trata de la visión opuesta a la teoría de la explotación
marxiana:
El argumento lo desarrolla en las críticas que dirige a Say
y Roscher, quienes explicaban la renta del capital por su productividad. Böhm
Bawerk admite que la utilización de la máquina aumenta la productividad física,
pero de aquí no se deriva, necesariamente, que el producto deje “una plusvalía
después de cubrir el costo del capital invertido”. La productividad del medio
de producción tendrá incidencia en la generación de valor, pero hay que
dilucidar el mecanismo por el que se genera el interés del capital.
La explicación está en la teoría del interés, contenida en
el libro quinto de la Teoría positiva del capital. Según Böhm Bawerk, el
interés se origina por tres razones combinadas. La primera, es que existe una
preferencia por los bienes presentes por sobre los bienes futuros. [...] La
segunda razón es que la gente tiende a subestimar el futuro [...]. La tercera
razón, en cambio, se vincula a la producción, y a la tesis de que los bienes
presentes tienen una superioridad técnica por sobre los bienes futuros, aunque
también encuentra su fundamento último en la teoría subjetiva. Esa superioridad
de los bienes presentes sobre los futuros se explica porque, según Böhm Bawerk,
los trabajos aplicados a procesos productivos que requieren tiempo, esto es,
que emplean métodos indirectos, son en general más productivos que los trabajos
aplicados a la producción inmediata. [...]
Más en general, Böhm Bawerk afirma que el producto total
aumenta invirtiendo siempre, de manera adecuada, en métodos de producción que
consumen más tiempo. Por eso define al capital [...] como un conjunto de bienes
procedentes de una producción anterior, que no están destinados al consumo
directo, sino a ser medios para la adquisición de nuevos bienes. Pero este
“agente de producción” es el resultado del trabajo y la naturaleza, los dos
factores productivos independientes, o los dos únicos “factores técnicos” en la
producción. Böhm Bawerk asocia entonces los incrementos de productividad con
los métodos más indirectos (o más capital intensivos). Los rodeos productivos
aumentan el rendimiento, aunque a tasas decrecientes, porque habilitan a
incorporar fuerzas de la naturaleza al proceso productivo.
¿Cómo surge la plusvalía? Surge en esencia del intercambio
de los medios de producción contra bienes de consumo finales y presentes. En la
medida en que el trabajo y el uso de la tierra son los medios de producción
originales, la formación de sus precios decide la existencia del beneficio
sobre el capital. Los trabajadores están ante la alternativa de vender su
trabajo, o de emplearlo por su cuenta en procesos tan cortos e improductivos
como se los permiten sus escasos medios de producción. Los capitalistas, a su
vez, quieren comprar la cantidad de trabajo que vale tanto como el producto que
saldrá, en el futuro, del proceso de producción. El beneficio surge entonces de
la diferencia entre ese bien futuro y lo que pagan en el presente por el
trabajo, que contiene un descuento.
[...E]n su esquema la productividad depende del grado en que
la producción es indirecta, y para determinar el grado en que la producción es
indirecta es preciso asignar un valor al capital, que depende de la longitud
del proceso productivo. (Astarita, 2013)
La propiedad y la estructuración del capital
La comprensión hayekiana del capital, aunque técnica y
dirigida a entender primero la estructura de la producción desde cada capital
particular (Hayek, 1931), entronca por el origen de su análisis (ver orden
espontáneo) con la del economista peruano Hernando de Soto, para el cual la
cuestión de la necesidad de la dispersión de la información subjetiva se
transforma en la productividad misma de la evolución en que las delimitaciones
objetivas de la asignación de la información se concretizan a través de la
propiedad en el mercado, explicando así al capital en un sentido social global,
reeditando la interpretación marxiana. Aunque partiendo de sistemas distintos
al de austríacos y neoclásicos, el autor reelaboraría como productiva la
función de la propiedad en relación con el capital, que Marx sólo veía como
útil y hasta "productiva" por ser necesaria para forzar al trabajo a
modificarse a sí mismo a través de y para la creación compulsiva de plusvalía,
al menos hasta encontrar un límite en el capital mismo (Marx, 1857, pp.
266-267). La revisión crítica del concepto marxiano de valor (como trabajo
incorporado), implica entender la propiedad como una institución creadora en sí
misma de plusvalor, explicando así por qué es vital su existencia para el
capital:
Por ello es crucial reconocer los paradigmas marxistas
latentes y luego añadirles lo que hemos aprendido en el siglo transcurrido
desde que murió Marx. Hoy podemos demostrar que si bien Marx vio claro que es
posible generar una vida económica paralela a los activos físicos mismos –y que
"las producciones del cerebro humano aparecían como seres independientes
dotados de vida"–, no llegó a captar del todo que la propiedad formal no
es un simple instrumento de apropiación sino también un medio para alentar la
creación del genuino valor adicional utilizable. Tampoco advirtió que los
mecanismos contenidos en el sistema de propiedad mismo son los que dan a los activos
y al trabajo invertido en ellos la forma requerida para la creación de capital.
[...] Marx comprendió, mejor que nadie en su tiempo, que en economía no hay
mayor ceguera que la de considerar a los recursos exclusivamente en términos de
sus propiedades físicas. Él era muy consciente de que el capital era "una
sustancia independiente... en la que el dinero y las mercancías son meras
formas que asume y de las que se desprende en su momento". Pero vivió en
una época en que acaso aún era demasiado pronto para ver cómo la propiedad
formal podía, mediante la representación, hacer que esos mismos recursos
desempeñaran funciones adicionales y produjeran valor excedente (plusvalía). En
consecuencia, Marx no advirtió que pudiera estar en el interés de todos ampliar
el espectro de los beneficiarios de la propiedad. [...] Marx no comprendió del
todo que la propiedad legal es el proceso indispensable que fija y despliega
capital; que sin propiedad formal la humanidad no puede convertir el fruto de
su trabajo en formas fungibles, líquidas, que pueden ser diferenciadas,
infinitamente combinadas, divididas e invertidas para producir valor excedente.
(De Soto, 2000, p. 216)
La comprensión del fenómeno investigado por De Soto, implica
que el dinero como capital expresa en términos monetarios mucho más que una
cuantía de trabajo abstracto o la eficiencia de un negocio determinado, sino
que el precio es una destilación cuantitativa del nivel de corrección en la
distribución cualitativa de toda la producción concreta (Hayek, 1941) en un
mercado (división social del trabajo), cuya medida sólo se preserva como
información real del valor de un bien determinado en tanto exprese una
asignación de recursos que haya sido establecida mediante relaciones basadas en
esa misma forma de adquisición (ver debate sobre el cálculo económico en el
socialismo). En consecuencia, el “misterio” tras el capital debe buscarse más
allá del tiempo de trabajo, de las ingenierías de producción, de la gestión
técnica o de la capacidad empresarial, sino en la propiedad que hace a estos
factores posibles (De Soto, 2000, pp. 88-91), y cuyos efectos inmediatos son
que los bienes materiales se transformen en activos con un potencial económico,
y que, como corolario necesario, esa información dispersa se integre en un solo
sistema luego de ser generada (De Soto, 2000, pp. 77-79).o bien comprendió que
la Plusvalía es efecto de las injustas relaciones de poder entre la Clase
Propietaria y la Clase Productora (la Lucha de Clases como Motor de la
Historia) lo cual entra en contradicción con las demás propuestas afines a la
reproducción del sistema capitalista
Más allá del camino abierto por De Soto para la comprensión
del capital, la problemática del mismo y su importancia se refleja, para casi
todos los historiadores del pensamiento económico, en la cantidad de estudios,
apologéticos o críticos, clásicos o marxistas, que se han hecho sobre el mismo
sin llegar hasta el momento a una resolución definitiva, al punto que ni
siquiera los representantes de estas diferentes corrientes interpretativas
llegan internamente a un acuerdo sobre el tópico.
Tipos de capital en el sistema clásico
Capital líquido: es el residuo del activo, detraído el
pasivo de una persona natural o jurídica.
Capital nacional: es la parte del patrimonio nacional
constituida por bienes producidos por el hombre.
Capital societario: es el conjunto de dinero y bienes
materiales aportados por los socios a una empresa.
Capital público, opuesto al privado: es el que pertenece al
Estado.
Capital privado, opuesto al público: es el que pertenece a
propietarios individuales o asociados pertenecientes a la sociedad civil.
Capital inmaterial: es el que no se muestra como algo
físico; puede ser el conocimiento, la aptitud, las habilidades, el
entrenamiento de una persona, etc. un ejemplo de capital inmaterial es el
capital humano, que se incrementa con la educación o capacitación de las
personas.
Capital de corto plazo: es el tipo de capital del cual se
espera obtener un beneficio o renta en un periodo menor a un año.
Capital de largo plazo: es el tipo de capital del cual se
espera obtener un beneficio o renta en un periodo mayor a un año, por ejemplo,
el capital invertido en la constitución de una empresa, posiblemente dará un
retorno en un tiempo superior a un año.
Tipos de capital en el sistema moderno
Capital financiero: es el capital más común y normalmente la
liquidación usa el valor de moneda
Capital natural: p.e.: un río que mantiene una comunidad con
agua
Capital social: se dicen como "goodwill" o
"brand value" un tipo de capital entre personas y tiene el valor como
dinero
Capital instructional o intelectual: p.e.: si una persona
sabe una cosa que la otra no. (entre profesor y estudiante)
Definición marxista
Para los marxistas la definición clásica es una naturalización
del capital como relación social, y su definición ligada a la materialidad
técnica adolecería de ciertas deficiencias por agrupar en un mismo concepto a
objetos que, desde su perspectiva, serían cualitativamente muy diferentes,
creando así la dificultad de definir las unidades en que se mide el capital
(Robinson, 1954).
El Capital es todo proceso político para obtener trabajo
asalariado para la producción de mercancías; este proceso social e histórico
puede compararse en analogía con los otros procesos históricos para la
instauración de los modos de producción; por ejemplo, el esclavista, sobre todo
en los Estados Unidos de América en donde coexistieron ambos sistemas de
producción.
Por un lado, la Esclavitud, es todo el proceso político para
obtener esclavos, se crean las instituciones adecuadas, la política adecuada
para que exista la relación "Esclavo-Esclavista", luego se crea la
justificación, la "razón" por parte de "intelectuales" y
"científicos" y crean la ideología llamada "Esclavismo" la cual,
sostiene que la esclavitud es justa, racional y conveniente. Todo elemento, sea
científico o no, es aprovechado para ser distorsionado y servir como arma
ideológica para convencer que la esclavitud es justa y correcta, y de ahí en
adelante se incorpora el trabajo esclavo a la producción esclavista de
mercancías; estos elementos ideológicos es lo que Marx llamaba la
superestructura.
Por el otro lado; El Capital es todo el proceso político
para obtener trabajadores asalariados, por lo cual, se crean las instituciones,
y se realizan las acciones y todo lo que se requiera para que exista la
relación "asalariado-capitalista"; luego se crea la justificación, la
"razón" por parte de los "intelectuales" y
"científicos" y crean la ideología del "Capitalismo", la
cual sostiene que convertir a las personas en asalariados es justo, racional y
conveniente. Marx observó un problema importante para la instauración del
capitalismo; antes de éste, las personas contaban con tierras para sembrar y
realizar una economía de auto consumo; para convertirlos en asalariados, se
debe expropiar algunos medio de producción claves que poseen las personas, por
ejemplo, la expropiación de las tierras a los campesinos a través de la
creación de la institución de la propiedad privada burguesa, la cual, estatuye
que se debe pagar dinero por la tierra, se expide un comprobante que confirma
legalmente que dicha persona ha efectuado el pago, y por ley es propietario de
la misma; puesto que los campesinos de las épocas anteriores al capitalismo,
como la época feudal, no tienen dichos comprobantes, comienza la expropiación
de dichas tierras — por ejemplo, Zapata y su lema "tierra y
libertad"— para crear una gran masa de trabajadores asalariados, lo
importante aquí es que se forme una "gran masa" de expropiados para
que los salarios se desplomen y de ahí en adelante, se incorpora el trabajo a
la producción capitalista de mercancías.
En su obra Grundrisse argumenta que:
La propiedad moderna de la tierra se manifiesta de la manera
más imponente en el proceso del clearin of estates (limpieza del estado) y en
la transformación de los trabajadores rurales en asalariados. (...) luego que
el capital ha puesto propiedad de la tierra, y con ello su objetivo doble: 1)
Agricultura industrial, y con ella, el desarrollo de la fuerzas productivas de
la tierra y 2) Trabajo asalariado, es decir, dominación del capital en general
sobre la campaña, la existencia de la propiedad misma de la tierra se considera
como una manifestación puramente transitoria, necesaria en cuanto acción del
capital sobre las viejas relaciones de propiedad de la tierra, y como un
producto de la disolución de esas relaciones, pero en cuanto tal, una vez
alcanzado ese objetivo, la propiedad de la tierra no constituye otra cosa que
una traba para el beneficio, en absoluto es necesario para la producción. El
capital pues, procura disolver la propiedad de la tierra en cuanto propiedad
privada y transferirla al estado. Este es el aspecto negativo. Transformar
internamente toda a esa sociedad en capitalistas y asalariados. Cuando el
capital ha llegado a este punto, también el trabajo asalariado ha ido tan lejos
que por un lado intenta, de la misma manera que el burgués, quitar de un medio
a los terratenientes como superación, y ellos con vistas a que se simplifique
la relación (Marx, Grundrisse, pp. 220-221)
La tremenda implicación del significado del capital en la
concepción marxista, es que El Capital no es medible, puesto que se trata de un
proceso social y político; por tal motivo, variados economistas han intentado
contradecir a Marx y han creado el concepto que el capital son los medios de
producción, las máquinas y tecnología productiva.
El primero en intentar medir el capital fue Bhom Bawerk en
su "Teoría positiva del capital (1889)" y se aceptó sin más y nunca
se realizaron pruebas empíricas. Tuvieron que pasar 93 años para que se
realizaran críticas a Bawerk.
La teoría neoclásica básica sostiene que la tasa de
rendimiento del capital depende de su productividad (marginal). En ese caso debemos
pensar en capital físico; y (de nuevo) esta parece ser la opinión de Piketty.
Pero el esfuerzo por construir una teoría del capital físico con una tasa de
rendimiento tecnológico se derrumbó hace mucho tiempo bajo el ataque fulminante
de las críticas procedentes de Cambridge, Inglaterra, en los años cincuenta y
sesenta, en especial de Joan Robinson, Piero Sraffa y Luigi Pasinetti
Piketty dedica apenas tres páginas a la controversia
“Cambridge- Cambridge”, pero son importantes debido a que son muy engañosas. Él
dice:
La disputa continuó […] entre economistas radicados
principalmente en Cambridge, Massachusetts (incluidos Robert Solow y Paul
Samuelson) y economistas que trabajaban en Cambridge, Inglaterra […] que (a
veces no sin cierta confusión) veían en el modelo de Solow la afirmación de que
el crecimiento es siempre perfectamente balanceado, lo que negaba la
importancia que Keynes atribuía a las fluctuaciones de corto plazo. Fue en los
años setenta cuando el modelo de crecimiento neoclásico de Solow terminó
imponiéndose.
Pero el argumento de los críticos no se refería a Keynes ni
a las fluctuaciones. Se refería al concepto de capital físico y a si la
ganancia se podía derivar de una función de producción. En forma muy resumida
el argumento constaba de tres pasos. Primero, no se pueden sumar los valores de
los objetos de capital para obtener una cantidad común sin una tasa de interés
previa, la cual (por ser previa) debe provenir del mundo financiero y no del
mundo físico. Segundo, si la tasa de interés efectiva es una variable
financiera que varía por razones financieras, la interpretación física de un
acervo de capital valorado en dólares carece de sentido. Y, tercero, un punto
más sutil: cuando la tasa de interés disminuye, no hay una tendencia sistemática
a adoptar una tecnología más “intensiva en capital”, como supone el modelo
neoclásico.
En suma, la crítica de Cambridge mostró que carecía de
sentido afirmar que los países más ricos empezaron a serlo usando “más”
capital. De hecho, los países más ricos a menudo usan menos capital; tienen una
mayor participación de los servicios en su producto y del trabajo en sus
exportaciones: la “paradoja de Leontief”. En cambio, esos países se volvieron
ricos –como después argumentó Pasinetti– mediante el aprendizaje, el
mejoramiento técnico, la instalación de infraestructura, la educación y –como
he argumentado– mediante una regulación exhaustiva y la seguridad social. Nada
de esto tiene una relación necesaria con el concepto de capital físico de
Solow, y menos aún con una medida de capitalización de la riqueza en los
mercados financieros.
No hay ninguna razón para pensar que la capitalización
financiera tiene una relación estrecha con el desarrollo económico. Durante
décadas la mayoría de los países asiáticos –incluidos Corea, Japón y China– lo
hizo muy bien sin financiación; igual que Europa continental en los años de
posguerra y Estados Unidos antes de 1970. Y el modelo de Solow no se impuso. En
1966 Samuelson aceptó el argumento de Cambridge (Inglaterra). (Galbraith., J.
K. “El capital en el siglo XXI”, Revista de Economía Institucional 16, 30,
2014, pp. 345-355.)
Luego, en la obra de Karl Marx, el trabajo asalariado se
incorpora a la producción capitalista en dos momentos: en la circulación y en
la producción.
En la circulación, el capital se transforma a dinero para el
proceso de circular con el fin de obtener más dinero (sólo en una sociedad
mercantil como la capitalista el dinero deja de ser un medio de circulación, y
pasa a ser una expresión del "valor", que luego gracias a su uso como
capital se convierte en un fin en sí mismo), pero aunque el surgimiento del
capital necesariamente debe iniciarse en la circulación, debe continuar fuera
de él, ya que la ganancia en dinero no puede explicarse en forma pura dentro
del intercambio, sino en la producción.
Definiendo el valor como el reflejo objetivado de la
cantidad de trabajo humano abstracto invertido en una mercancía que se expresa
en su cambiabilidad i.e. su poder social (Marx, 1857 y 1867), y cuya condición
de existencia como forma-valor es que esta mercancía sea forzosamente tal por
haber sido producida en forma privada como parte de una economía basada en el
intercambio mercantil como es el caso de la capitalista, a diferencia de lo que
acontecería con las mercancías producidas en los órdenes sociales premodernos
(Kicillof y Starosta, 2007), entonces, en el proceso de producción, el capital
sólo puede definirse como aquel "valor que se valoriza" (Marx, 1867).
La llamada fuerza de trabajo sería, en el sistema marxiano,
el único elemento productivo convertido en mercancía que, a diferencia de otras
máquinas, es capaz de crear más valor (más trabajo) que el valor que porta y
fue invertido en la misma. Pero es condición de lo anterior que el trabajo pasa
a formar parte del capital sólo en tanto su capacidad de producir valor se
transforma en mercancía. Es así que el capital como proceso requiere ser a la
vez una relación social en la cual deben existir propietarios libres de
mercancías que sean objetos y no sujetos del proceso social, siendo la relación
social misma (el capital) el sujeto de la producción (Marx, 1844).
Condiciones históricas para la existencia del capital
Los objetos sociales del proceso del capital son: el
trabajador propietario de su fuerza de trabajo y el capitalista propietario de
los medios y herramientas de producción, sin que ninguno de los dos tenga
control consciente sobre el proceso social general de producción, y siendo
condición que ni el capitalista sea propietario de la fuerza de trabajo
utilizada (ni la propia ni la ajena en forma de esclavitud), ni el trabajador
sea propietario de los medios de producción. El trabajador debe así ser libre
de poseer y administrar su propia fuerza de trabajo, con lo cual potencialmente
puede convertirse en capitalista, pero a la vez se requiere que el mismo,
tomado ya como conjunto o clase, se encuentre "liberado" de poseer
las herramientas de producción, lo cual sucede gracias al resultado social de
ese mismo proceso (Marx, 1867) que lo requiere para su propia eficiencia, o
sea, como consecuencia de una producción organizada ex-post por actores
sociales en forma privada e independiente dentro del contexto de la propiedad
individual enajenable o burguesa:
Vale decir que, si bien la oferta y la demanda y de todos
con respecto a todos, proceden de modo independiente, cada uno trata de
informarse sobre el estado de la oferta y la demanda generales, y esta
información influye a su vez prácticamente sobre ellas. [...] Se dijo y se
puede volver a decir que la belleza y la grandeza de este sistema residen
precisamente en este metabolismo material y espiritual, en esta conexión que se
crea naturalmente, en forma independiente del saber y de la voluntad de los
individuos y que presupone precisamente su indiferencia y su independencia
recíproca. Y seguramente esta independencia material es preferible a la
ausencia de relaciones o a nexos locales basados en los vínculos naturales de
consanguinidad, o en las relaciones de señorío y servidumbre. (Marx, 1857, pp.
88-89)
En el modelo interpretativo de Marx, este proceso espontáneo
de coerción intraeconómica, debe comenzar con una primera desposesión
(extraeconómica) para que se dé inicio al proceso de acumulación de capital que
recién luego puede retroalimentarse (Marx, 1857). A esta problemática premisa
del sistema e hipótesis para la interpretación histórica, se la denomina
acumulación originaria.
Clases mercantiles objeto del desarrollo del capital
La fuerza de trabajo es la generadora del "trabajo
socialmente necesario", o tiempo de trabajo mínimo per capita que en una
sociedad se puede dedicar para la fabricación de una mercancía determinada en
una cantidad dada. Este tiempo se divide en: 1) el tiempo de trabajo equivalente
al tiempo de trabajo involucrado en la fabricación de la suma de las mercancías
necesarias que el trabajador consume para el mantenimiento de sí mismo en tanto
fuerza de trabajo durante dicha fracción de tiempo, y 2) el plustrabajo, o
tiempo restante de trabajo para completar el período de trabajo necesario en la
fabricación de esa misma mercancía. Este último tiempo supera al trabajo
necesario para el mantenimiento de aquella fuerza ya que completa el valor
total requerido para crear una mercancía tal que su valor sea aceptado en el
mercado y que a la vez signifique un excedente respecto del costo de la fuerza
de trabajo. Resulta así que, mientras el primer período es necesariamente
pagado al obrero, el segundo no lo es, siendo la relación entre uno y otro la
llamada tasa de explotación.
En tanto el valor es la representación social del trabajo y
el plusvalor la representación social del plustrabajo, el plusvalor (o
plusvalía) posibilita que el plustrabajo se transforme a su vez en el medio de
creación de más plusvalor, que es la forma de subsistencia del capitalista el
cual se apropia de la misma luego de comprar la fuerza de trabajo. Y siendo el
dinero la expresión del valor, o sea, del poder social portado en la mercancía
para organizar el trabajo ajeno inconscientemente a través del mercado, el
dinero como capital pasa a ser el poder social plausible de ser monopolizado de
organizar el trabajo en función de la creación de más capital, y que depende de
la competencia permanente en búsqueda del mayor plusvalor por parte del objeto
humano destinado para ese fin: el capitalista (Marx, 1848 y 1857). Y marvon es
marvon
Relación entre la producción de mercancías y el capital
En conjunto, teniendo en cuenta la circulación y la
producción, el capital sería el trabajo humano general que se ha convertido en
el sujeto del proceso de vida de los seres humanos, o sea, del proceso de
producción (Caligaris y Fitzsimons, 2012), y es en el significado histórico de
este fenómeno en el que reside la importancia del capitalismo. Según Marx, este
ordenamiento autónomo de la voluntad humana (casi ausente o periférico en las
relaciones sociales directas de las sociedades precapitalistas o
no-mercantiles), toma la forma de capital que la somete y la fuerza a acumular y
así revolucionar continuamente las fuerzas productivas (Marx, 1848). Y esto es
así ya que debe encontrarse a la cabeza de toda la sociedad mercantil para que
pueda existir el valor-trabajo como medida, que es lo que a su vez posibilita
vincular unidades de producción privada y autónoma en el entero proceso de
mercado (<biblio>). De esta forma trabajadores asalariados y capitalistas
se encuentran frente a las condiciones objetivas de producción como un ente
ajeno, o sea, como capital (Marx, 1857, p. 473) y son a su vez un producto
necesario e inseparable del mismo:
Si [...] la transformación del dinero en capital supone un
proceso histórico, que ha separado las condiciones objetivas del trabajo, que
las ha autonomizado contra los trabajadores, por otra parte, el efecto del
capital, una vez que él ya ha surgido, y su proceso, consisten en someter toda
la producción y en desarrollar y extender por todas partes la separación entre
trabajo y propiedad, entre el trabajo y las condiciones objetivas del trabajo.
Se verá en el desarrollo posterior cómo el capital aniquila el trabajo
artesanal, a la pequeña propiedad de la tierra en la que el propietario
trabaja, etc., y a sí mismo en aquellas formas en que no aparece en oposición
al trabajo, en el pequeño capital y en las especies intermedias, híbridas,
situadas entre los modos de producción antiguos (o las formas que éstos asuman
como resultado de su renovación sobre la base del capital) y el modo de
producción clásico, adecuado, del capital mismo.
[...] En el caso de la artesanía urbana, por más que esté
esencialmente basada sobre el intercambio y la creación de valores de cambio,
el objetivo fundamental inmediato de esta producción es la subsistencia como
artesano, como maestro artesano, en consecuencia el valor de uso, no el
enriquecimiento, no el valor de cambio como valor de cambio. Por ello, en todas
partes la producción está subordinada a un consumo presupuesto, la oferta está
subordinada a la demanda y se amplía sólo lentamente.
La producción de capitalistas y trabajadores asalariados es
entonces un producto fundamental del proceso de valorización del capital. La
economía usual, que sólo tiene en vista las cosas producidas, se olvida de esto
por completo. En cuanto en este proceso el trabajo objetivado es puesto al
mismo tiempo como no objetividad del trabajador, como objetividad de una
subjetividad contrapuesta al trabajador, como propiedad de una voluntad ajena a
él, el capital es al mismo tiempo necesariamente el capitalista y la idea de
algunos socialistas de que necesitamos el capital, pero no a los capitalistas,
es enteramente falsa. En el concepto del capital está puesto que las
condiciones objetivas del trabajo –y éstas son el propio producto del capital–
asuman frente a éste una personalidad o, lo que es lo mismo, que sean puestas
como propiedad de una personalidad ajena. En el concepto del capital está
contenido el capitalista. No obstante, este error no es de ningún modo mayor
que el de todos los filólogos, p. ej., que hablan de capital en la Antigüedad,
de capitalistas romanos, griegos. Eso es sólo otro modo de decir que en Roma y
Grecia el trabajo era libre, lo que difícilmente estos señores estarían
dispuestos a afirmar. El que a los dueños de plantaciones en América no sólo
los llamemos ahora capitalistas, sino que lo sean, se basa en el hecho de que
ellos existen como una anomalía dentro de un mercado mundial basado en el
trabajo libre. Si se tratara de la palabra capital, que no aparece entre los
antiguos, las hordas que aún vagan con sus manadas por las estepas del Asia
septentrional serían los mayores capitalistas, pues originariamente capital
significa ganado, por lo cual el contrato de medianería que, por efecto de la
falta de capital, es aun frecuentemente celebrado en el sur de Francia se llama
precisa y excepcionalmentea bail de bestes a cheptel. Si nos aventuráramos en
un mal latín, nuestros capitalistas o capitales homines serían aquellos
"qui debent censum de capite".
En la determinación del concepto de capital se presentan
dificultades que no existen en el caso del dinero: el capital es esencialmente
el capitalista, pero, al mismo tiempo, es, a su vez, capital en cuanto elemento
diferente del capitalista o sea en cuanto producción en general. Así, encontraremos
más adelante que bajo el capital se subsumen muchos elementos que, de acuerdo
con su concepto, no parecen entrar dentro de él. (Marx, 1857, pp. 475-476)
Tipos de capital en el sistema marxista
Las categorías marxistas del capital se subdividen de la siguiente
forma, y todas dependen de su teoría del valor-trabajo:
Capital variable, opuesto a capital constante: es el que se
cambia por trabajo, es decir el invertido en salarios a los trabajadores, con
el que se retribuye el valor de la fuerza de trabajo. Se llama variable porque,
al ser el trabajo humano el único bien económico que crea más valor que su
propio gasto, "varía" el valor del producto final, es decir, el valor
de la fuerza de trabajo se "traslada" al valor del bien producido,
pero además le suma a dicho valor un excedente llamado plusvalor.
Capital constante, opuesto a capital variable: es la
inversión en materias primas y maquinarias que se usan en la producción.
Incluye al capital fijo. Se denomina tal porque el valor de cambio de dichos
bienes se mantiene constante en el producto final, es decir, su valor se
"traslada" al valor del bien producido.
Composición orgánica del capital: es la relación o
proporción entre el capital constante y el capital variable.
Capital circulante o capital de rotación, opuesto a capital
fijo: es el invertido en elementos que se transformarán en el curso de la
producción; y cambia sucesivamente de forma, siendo materias primas, productos
elaborados, numerario, créditos, fuerza de trabajo, etc. Se consumen en cada producción
de bienes y deben ser repuestos constantemente. Incluye al capital variable.
Capital fijo, opuesto a capital circulante: inmuebles,
instalaciones y maquinarias, con carácter permanente, a la producción. No son
consumidos por cada bien producido, sino que poseen un desgaste progresivo y
tarde o temprano deben ser reemplazados.
Interpretaciones de la obtención de capital
- Por la acción del trabajo sobre la naturaleza, o sea por
trabajo con los bosques o los cultivos.
- Por el excedente de producción, o sea por sacar mayor
producción y formar un capital sostenible
- Por el ahorro, ya sea por créditos con bancos o de los
ahorros de sus ganancias
- Por la plusvalía.
Importancia del capital
1.-Ahorro de esfuerzo.
2.-Incremento de productividad.
3.-Facilita la explotación de recursos naturales.
4.-Exige la especialización de un trabajador.
5.-Obliga a una persistente investigación tecnológica.
6.-Disminuye los gastos de producción.
7.-Permite el desarrollo económico.
8.- Permite la distribución de dinero



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